La RUINA, pHoro edition

Nadie te quiere, nadie te ama: tus sentimientos a flor de piel. Deja que el mundo sepa de tus taras psicológicas.
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M. Corleone
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La RUINA, pHoro edition

Mensaje por M. Corleone »

A petición popular, abrimos el hilo que tratará de emular el podcast "La Ruina", en el que el público asistente relata ruinas personales, que vienen a ser situaciones humillantes en las que uno se ha visto metido, generalmente por propia responsabilidad. El podcast limita las ruinas a una anécdota de heces (cagarse encima, etc.) por programa, pero aquí somos muy punkies, y no hay límites.

Recordad, las ruinas deben ser propias, humillantes y producto de situaciones raras vividas, torpezas sociales u otras cuestiones.

@lechon es un valiente y empieza con su habitual estilo de redacción chapucero desenfadado con una ruina (no podía ser de otra forma) de cacas (la traigo aquí porque la había posteado en otro hilo):
cuando me bebí el hidroalcohol porque me asfixiaba en el coche con una pastilla de ibuprofeno, y a la misma velocidad que entró por la boca y eliminó mi asfixia, salió por el hojaldre limpiando mi interior, paré en la cuneta, y al ir a limpiarme no tenía papel y me tuve que limpiar con la bandera de apoyar a la selección. Paró la guardia civil y descojonados me dijeron que eso podía considerarse atentado.
Ahora ataca @Szalai, y yo trataré de pensar esta tarde cuál es la más humillante de las mías, evitando la caca, y postearé mañana, espero.
CacaDeLuxe escribió: 19 Feb 2020 19:17hazte asi en la cara

Szalai
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por Szalai »

Yo hoy no creo que me lance, que quiero contarlo bien. Un par caerán seguro.

Szalai
Mojahedín
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por Szalai »

Yo hice la mili, que es una ruina así en general, pero también de un sin fin de ruinas concretas consecuencia de la inmersión en un nuevo universo con sus pintorescos usos y costumbres que se van descubriendo a base de hostias. Os imagino temblando ante la posibilidad de largos párrafos desarrollando un chusco vodevil castrense con final en el calabozo tras ser zarandeado vigorosamente por el capitán de día, que lo hubo, pero esta ruina en particular tuvo lugar en el viaje de incorporación a destino y voy a intentar ser breve.

Me tocó hacerla en Palma, ejército del aire, base aérea de Son San Juan. Es un destino pequeño comparativamente. Habitualmente si eras de una ciudad mediana solías coincidir con varios conocidos del mismo destino y reemplazo, pero no era el caso. Mi único conocido se había incorporado un año antes y me había dicho que se había hinchado a ligar, sobre todo con guiris. El viaje de incorporación era en barco, a mediados de julio, saliendo a las once de la noche, en plena temporada alta por lo que iba a tope. En el barco coincidí con el conocido que comentaba, que hacía su último viaje como soldado justo antes de licenciarse, completamente eufórico, en compañía de compañeros suyos de reemplazo en el mismo estado vital. Intercambiamos unas palabras y los dejé a su bola porque yo no estaba para fiestas.

Mi billete de barco era de butaca (una sala enorme, tipo cine de los de antes a full de butacas con un asiento numerado). Había mucho follón, a tope de gente, no pensé que pudiera dormir y me dediqué a dar vueltas por el barco, una cosa como bastante tediosa al cabo de media hora una vez las luces de la ciudad hubieron desaparecido. De lejos vi a mi conocido y su grupo de amigos que se las habían apañado para ligar con unas jóvenes pasajeras y se estaban dando el lote aparatosamente lo que me sumió definitivamente en la tristeza. Total que decidí que algo habría que dormir, o por lo menos intentarlo y me dirigí a mi butaca (numerada con el billete) y me encontré que estaba ocupada. Pasé de despertar a la persona que la ocupaba y me senté en otra cualquiera sin meditarlo demasiado. Y total, que acabé por dormirme, y no sé cuanto tiempo llevaba durmiendo cuando me desperté y oí una voz femenina a mi izquierda diciendo cosas que no entendía en un tono más bien bajo y en estas estaba saliendo como podía del primer sueño, intentando aceleradamente comprender qué me decía la voz cuando me di cuenta que, desde la izquierda me estaban acariciando el muslo suavemente, cada vez más cerca de la entrepierna.

Y claro, no pude evitar pensar que, no en vano Toni - mi conocido - me había avisado, aquello era Sodoma y Gomorra y que efectivamente lo de ligar con guiris era cierto y que, de hecho, no tenía que hacer ningún tipo de aproximación sensual, simplemente sentarme en una butaca en oscuridad a su alcance era suficiente para que me abordasen con deseo de satisfacer sus deseos más ardientes ávidas de toda la juvenil energía que un protorrecluta del ejército del aire fuese capaz. Y supongo que, durante unos un tiempo indeterminado pude disfrutar de esa maravillosa fantasía y es posible que mantuviese una vigorosa erección. El caso es que una de las cosas que más útiles que se aprenden en la mili es la llamada "alerta situacional" que equivale a desarrollar una especie de sentido arácnido que barre el entorno buscando señales de que algo no va bien, y yo de eso traía algo de casa, aunque no mucho, y casi inmediatamente me di cuenta nebulosamente de que algo no cuadraba. Quizá todo era una argucia para distraerme y robarme mis miserables pertenencias. Total, todo estaba muy oscuro, pero escrutando a derecha e izquierda no tardé en hacerme una composición de lugar. Me había sentado en los asientos ocupados por un grupo de discapacitados (mostly síndrome de Down), estaba rodeado de ellos, y a la izquierda tenía una teen de este colectivo acariciándome el paquete y diciéndome cosas que no acababa de entender pero que sonaban turbias. Y nada, me levanté discretamente dejando aquella mano atrás y me fui con mis cosas, no sin asegurarme de que no había ningún monitor o adulto responsable que se hubiera percatado de la coyuntura y me pudiera acusar de violador de dispapacitadas menores de edad en grado de tentativa.

Mi butaca continuaba ocupada así que el resto del viaje lo hice sentado en una escalera, ya sin pasear por el barco, porque hacía frío y porque tampoco quería encontrarme a mi conocido follando en algún rincón. Cuando llegamos tenía la intención de darme un paseo por Palma e incorporarme por la tarde al cuartel, pero nos estaban esperando, nos metieron en unos microbuses y nos llevaron a la base aérea. Allí hubo muchas otras ruinas, pero esa es otra historia.

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M. Corleone
Ulema
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por M. Corleone »

Szalai escribió: 26 Oct 2021 11:39 Yo hice la mili, que es una ruina así en general, pero también de un sin fin de ruinas concretas consecuencia de la inmersión en un nuevo universo con sus pintorescos usos y costumbres que se van descubriendo a base de hostias. Os imagino temblando ante la posibilidad de largos párrafos desarrollando un chusco vodevil castrense con final en el calabozo tras ser zarandeado vigorosamente por el capitán de día, que lo hubo, pero esta ruina en particular tuvo lugar en el viaje de incorporación a destino y voy a intentar ser breve.

Me tocó hacerla en Palma, ejército del aire, base aérea de Son San Juan. Es un destino pequeño comparativamente. Habitualmente si eras de una ciudad mediana solías coincidir con varios conocidos del mismo destino y reemplazo, pero no era el caso. Mi único conocido se había incorporado un año antes y me había dicho que se había hinchado a ligar, sobre todo con guiris. El viaje de incorporación era en barco, a mediados de julio, saliendo a las once de la noche, en plena temporada alta por lo que iba a tope. En el barco coincidí con el conocido que comentaba, que hacía su último viaje como soldado justo antes de licenciarse, completamente eufórico, en compañía de compañeros suyos de reemplazo en el mismo estado vital. Intercambiamos unas palabras y los dejé a su bola porque yo no estaba para fiestas.

Mi billete de barco era de butaca (una sala enorme, tipo cine de los de antes a full de butacas con un asiento numerado). Había mucho follón, a tope de gente, no pensé que pudiera dormir y me dediqué a dar vueltas por el barco, una cosa como bastante tediosa al cabo de media hora una vez las luces de la ciudad hubieron desaparecido. De lejos vi a mi conocido y su grupo de amigos que se las habían apañado para ligar con unas jóvenes pasajeras y se estaban dando el lote aparatosamente lo que me sumió definitivamente en la tristeza. Total que decidí que algo habría que dormir, o por lo menos intentarlo y me dirigí a mi butaca (numerada con el billete) y me encontré que estaba ocupada. Pasé de despertar a la persona que la ocupaba y me senté en otra cualquiera sin meditarlo demasiado. Y total, que acabé por dormirme, y no sé cuanto tiempo llevaba durmiendo cuando me desperté y oí una voz femenina a mi izquierda diciendo cosas que no entendía en un tono más bien bajo y en estas estaba saliendo como podía del primer sueño, intentando aceleradamente comprender qué me decía la voz cuando me di cuenta que, desde la izquierda me estaban acariciando el muslo suavemente, cada vez más cerca de la entrepierna.

Y claro, no pude evitar pensar que, no en vano Toni - mi conocido - me había avisado, aquello era Sodoma y Gomorra y que efectivamente lo de ligar con guiris era cierto y que, de hecho, no tenía que hacer ningún tipo de aproximación sensual, simplemente sentarme en una butaca en oscuridad a su alcance era suficiente para que me abordasen con deseo de satisfacer sus deseos más ardientes ávidas de toda la juvenil energía que un protorrecluta del ejército del aire fuese capaz. Y supongo que, durante unos un tiempo indeterminado pude disfrutar de esa maravillosa fantasía y es posible que mantuviese una vigorosa erección. El caso es que una de las cosas que más útiles que se aprenden en la mili es la llamada "alerta situacional" que equivale a desarrollar una especie de sentido arácnido que barre el entorno buscando señales de que algo no va bien, y yo de eso traía algo de casa, aunque no mucho, y casi inmediatamente me di cuenta nebulosamente de que algo no cuadraba. Quizá todo era una argucia para distraerme y robarme mis miserables pertenencias. Total, todo estaba muy oscuro, pero escrutando a derecha e izquierda no tardé en hacerme una composición de lugar. Me había sentado en los asientos ocupados por un grupo de discapacitados (mostly síndrome de Down), estaba rodeado de ellos, y a la izquierda tenía una teen de este colectivo acariciándome el paquete y diciéndome cosas que no acababa de entender pero que sonaban turbias. Y nada, me levanté discretamente dejando aquella mano atrás y me fui con mis cosas, no sin asegurarme de que no había ningún monitor o adulto responsable que se hubiera percatado de la coyuntura y me pudiera acusar de violador de dispapacitadas menores de edad en grado de tentativa.

Mi butaca continuaba ocupada así que el resto del viaje lo hice sentado en una escalera, ya sin pasear por el barco, porque hacía frío y porque tampoco quería encontrarme a mi conocido follando en algún rincón. Cuando llegamos tenía la intención de darme un paseo por Palma e incorporarme por la tarde al cuartel, pero nos estaban esperando, nos metieron en unos microbuses y nos llevaron a la base aérea. Allí hubo muchas otras ruinas, pero esa es otra historia.
Jajaja, ruina (moral) habría sido que te hubieras hecho el dormido, una vez entendida la situación, y te hubieras beneficiado de una downpajuela culpable (todo el mundo sabe que las pajas culpables son las mejores).

Me ha gustado, a ver si mañana encuentro un rato y cuento una mía de vergüencita en familia que los sinideos ya conocen pero igual no recuerdan.
CacaDeLuxe escribió: 19 Feb 2020 19:17hazte asi en la cara

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dunker
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por dunker »

Media paja de una menor subnormal.

Grande!


Aunque para mí sería una cita perfecta, no una ruina. (asúca)
Aspiro a la hegemonía mundial.

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Criadillas
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por Criadillas »

Maravillosa ruina, Salao.

Yo tengo que hacer memoria, porque en general tengo la suerte de no haber vivido demasiadas ruinas (de las que hacen gracia, claro) que no tengan que ver con el manido: "pues una noche iba yo lacasito y...". Porque como dijo Ruti: tener Ruinas yendo pedo no tiene mérito alguno.

Pero alguna tendré, seguro.

Cuando la recuerde, os abriré mi alma en este precioso hilo.
Dunkis dijo:

Criadillas es un hombre triste de derechas, quién lo iba a decir.

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M. Corleone
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por M. Corleone »

Criadillas escribió: 26 Oct 2021 18:16 Maravillosa ruina, Salao.

Yo tengo que hacer memoria, porque en general tengo la suerte de no haber vivido demasiadas ruinas (de las que hacen gracia, claro) que no tengan que ver con el manido: "pues una noche iba yo lacasito y...". Porque como dijo Ruti: tener Ruinas yendo pedo no tiene mérito alguno.

Pero alguna tendré, seguro.

Cuando la recuerde, os abriré mi alma en este precioso hilo.
Sí, hay que huir de las ruinas yendo más pedo que Alfredo, como oyente del programa me aburren un poco.
CacaDeLuxe escribió: 19 Feb 2020 19:17hazte asi en la cara

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poshol na
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por poshol na »

Ayer sacaron a la venta entradas para los próximos shows. Las de Barcelona desaparecieron en 15 minutos.
La fusión del conceptismo y el culteranismo tecleó:
Anda y que den por el culo con la mierda diarrética esa que blasfemas por tu orificio vocal.

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M. Corleone
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por M. Corleone »

He aquí una de mis ruinas. He intentado huir de las ruinas relacionadas con borracheras, heces y vómitos, que –como todos- tengo unas cuantas. Ya la conté en su día en SinIdeas, pero bueno, allá vamos.
En noviembre de 2001 comencé a salir con la que ahora es mi Santa Esposa. La conocía desde los 16 años, y estuve loco por ella esos diez años, entre 1991 y 2001. Por fin, cuando los dos teníamos 25 años y habíamos roto con nuestras respectivas parejas previas, conseguí que me hiciera casito (como diría Polina, “le hice el lío”, como el pájaro fusil.
Los primeros meses de relación, como siempre pasa, fueron de mucho fornicio y concupiscencia, buscabamos cada momento (yo tenía horario de mañana y ella de tarde) para lamernos los pliegues corporales, mirarnos los genitales de cerca y practicar el kama sutra. Como cada cual vivía aún con sus padres, solíamos coger el Seat Ibiza de mis padres, y nos dirigíamos a un apartado parking en un bello paraje de mi pueblo, empañábamos convenientemente los cristales (era invierno, en poco tiempo aquello estaba más oscuro y velado que los ojos de Ray Charles), pasábamos al asiento de detrás (el coche tenía 3 puertas) y allí, entre sonido de grillos y el frío de noviembre y diciembre, fornicábamos casi todas las noches. El tener que madrugar mucho a la mañana siguiente no era obstáculo para nuestro amor reción nacido y mi siempre dispuesta libido. Iba arrastrado a currar, pero feliz.
El caso es que ella tomaba la píldora anticonceptiva por aquel entonces, por lo que yo podía permitirme, además la noble práctica del chorrazo en las tetas, también el eyacular dentro de su vagina. Y claro, todo lo que entra tiene tendencia a salir, gracias a esa maravilla del universo que es la gravedad y el sentarse erguida. El asunto es que, en alguna ocasión (más de las que me gustaría admitir), machamos la tapicería del asiento de detrás, bien a raíz de un chorrazo con mala puntería (ah, qué potencia la de los 26 años) o bien debido a que el semen resbalaba de su vulva en un involuntario chorreo (lo que ahora, en tiempos de PornHub, denominaríamos creampie), a pesar de que ella trataba de ser cuidadosa. En aquel momento mi próstata fabricaba aproximadamente el doble de líquido seminal que ahora, a mis 46 viejos y vasectomizados años.
Al llegar a casa, cansado, pongamos que a la 1 o a las 2 de la mañana, tras uno o dos fornicios (sí, amigos, en aquella época a veces se follaba dos veces seguidas) pues me dedicaba durante 5 minutos a limpiar lo manchado, yo creía que con mucho esmero. Mis cansados ojos echaban un vistazo y decían a mi cerebro, “pues hala, ya está, no se ve nada”.
Empezamos a salir y hacer estas cochinadas el 4 de noviembre de 2001, y en cosa de un suspirito llegó la navidad de ese año, 50 días después. Hallábanos en la casa familiar, un 25 de enero, mi padre, mi madre, mi hermana (que vivía fuera, pero venía a casa por navidad, como el almendro) y yo, y comenzamos a abrir nuestros respectivos regalos de Olentzero/Papa Noel/Santa Claus/El Niño Jesús. Tras abrir los más gordos de cada uno, a mí finalmente me quedó uno más, plano y cuadrado. Ni idea de qué podía ser. La familia me miraba, mi madre estaba expectante: abrí el regalo y era una mantita, como para poner en el sofá o así. Me pareció extraño, pero no dije nada, y entonces, mi madre (que en aquel momento tenía 50 años) me dijo, delante de toda la familia: “es para el coche, para los días de frío, y sobre todo para que podáis ponerla en el asiento de detrás, y así no se manche cuando estás con tu novia” (no dijo “tu novia”, sino su nombre, en 2 meses era como de la familia ya).
Mi hermana reaccionó con un “Joder, cómo te pasas, no le hagas pasar vergüenza delante de todos”, y mi madre dijo “Si no pasa nada, si es natural, solo digo que pueden poner la mantita debajo”.
Es una de las pocas veces en mi vida en que no agradecí vivir con unos padres modernitos, rojeras, y que trataban el tema del sexo como algo normal. En este caso me hubiera gustado más cierta mojigatería, y que escogieran cierta privacidad: que alguien me dijera en privado, “tú, melón, pon una puta toalla cuando vayas a follar en el coche, que nos estás dejando la tapicería perdida de lecharasos”.
Un año después de todo esto compramos casa y nos casamos.
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CacaDeLuxe escribió: 19 Feb 2020 19:17hazte asi en la cara

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poshol na
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Re: La RUINA, pHoro edition

Mensaje por poshol na »

M. Corleone escribió: 27 Oct 2021 09:08 He aquí una de mis ruinas. He intentado huir de las ruinas relacionadas con borracheras, heces y vómitos, que –como todos- tengo unas cuantas. Ya la conté en su día en SinIdeas, pero bueno, allá vamos.
En noviembre de 2001 comencé a salir con la que ahora es mi Santa Esposa. La conocía desde los 16 años, y estuve loco por ella esos diez años, entre 1991 y 2001. Por fin, cuando los dos teníamos 25 años y habíamos roto con nuestras respectivas parejas previas, conseguí que me hiciera casito (como diría Polina, “le hice el lío”, como el pájaro fusil.
Los primeros meses de relación, como siempre pasa, fueron de mucho fornicio y concupiscencia, buscabamos cada momento (yo tenía horario de mañana y ella de tarde) para lamernos los pliegues corporales, mirarnos los genitales de cerca y practicar el kama sutra. Como cada cual vivía aún con sus padres, solíamos coger el Seat Ibiza de mis padres, y nos dirigíamos a un apartado parking en un bello paraje de mi pueblo, empañábamos convenientemente los cristales (era invierno, en poco tiempo aquello estaba más oscuro y velado que los ojos de Ray Charles), pasábamos al asiento de detrás (el coche tenía 3 puertas) y allí, entre sonido de grillos y el frío de noviembre y diciembre, fornicábamos casi todas las noches. El tener que madrugar mucho a la mañana siguiente no era obstáculo para nuestro amor reción nacido y mi siempre dispuesta libido. Iba arrastrado a currar, pero feliz.
El caso es que ella tomaba la píldora anticonceptiva por aquel entonces, por lo que yo podía permitirme, además la noble práctica del chorrazo en las tetas, también el eyacular dentro de su vagina. Y claro, todo lo que entra tiene tendencia a salir, gracias a esa maravilla del universo que es la gravedad y el sentarse erguida. El asunto es que, en alguna ocasión (más de las que me gustaría admitir), machamos la tapicería del asiento de detrás, bien a raíz de un chorrazo con mala puntería (ah, qué potencia la de los 26 años) o bien debido a que el semen resbalaba de su vulva en un involuntario chorreo (lo que ahora, en tiempos de PornHub, denominaríamos creampie), a pesar de que ella trataba de ser cuidadosa. En aquel momento mi próstata fabricaba aproximadamente el doble de líquido seminal que ahora, a mis 46 viejos y vasectomizados años.
Al llegar a casa, cansado, pongamos que a la 1 o a las 2 de la mañana, tras uno o dos fornicios (sí, amigos, en aquella época a veces se follaba dos veces seguidas) pues me dedicaba durante 5 minutos a limpiar lo manchado, yo creía que con mucho esmero. Mis cansados ojos echaban un vistazo y decían a mi cerebro, “pues hala, ya está, no se ve nada”.
Empezamos a salir y hacer estas cochinadas el 4 de noviembre de 2001, y en cosa de un suspirito llegó la navidad de ese año, 50 días después. Hallábanos en la casa familiar, un 25 de enero, mi padre, mi madre, mi hermana (que vivía fuera, pero venía a casa por navidad, como el almendro) y yo, y comenzamos a abrir nuestros respectivos regalos de Olentzero/Papa Noel/Santa Claus/El Niño Jesús. Tras abrir los más gordos de cada uno, a mí finalmente me quedó uno más, plano y cuadrado. Ni idea de qué podía ser. La familia me miraba, mi madre estaba expectante: abrí el regalo y era una mantita, como para poner en el sofá o así. Me pareció extraño, pero no dije nada, y entonces, mi madre (que en aquel momento tenía 50 años) me dijo, delante de toda la familia: “es para el coche, para los días de frío, y sobre todo para que podáis ponerla en el asiento de detrás, y así no se manche cuando estás con tu novia” (no dijo “tu novia”, sino su nombre, en 2 meses era como de la familia ya).
Mi hermana reaccionó con un “Joder, cómo te pasas, no le hagas pasar vergüenza delante de todos”, y mi madre dijo “Si no pasa nada, si es natural, solo digo que pueden poner la mantita debajo”.
Es una de las pocas veces en mi vida en que no agradecí vivir con unos padres modernitos, rojeras, y que trataban el tema del sexo como algo normal. En este caso me hubiera gustado más cierta mojigatería, y que escogieran cierta privacidad: que alguien me dijera en privado, “tú, melón, pon una puta toalla cuando vayas a follar en el coche, que nos estás dejando la tapicería perdida de lecharasos”.
Un año después de todo esto compramos casa y nos casamos.
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¿Os casasteis cuando llevabais 14 meses saliendo?
La fusión del conceptismo y el culteranismo tecleó:
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