ATENCIÓN, ATENCIÓN:
LLAMANDO A PICAPIEDRA.
Pisst!!
Pisstt!!!
Picapiedra, ándate con mucho ojo. Me temo que un joven afectado de Síndrome de Down se ha colado en tu casa y ha posteado en tu nombre.
O eso quiero pensar.
Comencemos:
¡Oh!
¡Muero!
Tus envenenados dardos han atravesado con cruel éxito mi pobre corazón ante éste descubrimiento... creo que mi fin se acerca... eres mortífero, Picapiedra.
...
Cuando tu mejor recurso para defender las ediciones de lujo es el colgar un lapsus escrito por mí, en otro foro, acerca de mi identidad sexual.... es que andas escasito y jodido de recursos, Picachustas.
Picapiedra, que no sabe ni por donde pisa escribió:Me gustaría empezar aclarándole que nos hallamos ante una situación de debate catchero, por lo que las pretendidas revelaciones sobre su identidad sexual real nos la traen totalmente al pairo para lo que nos ocupa.
MEEEEC.
Segundo error.
Las revelaciones de identidad sexual vienen perfectamente a cuento cuando éstas van más allá del simple lapsus, cuando éstas son auténticas revelaciones, y pueden ser objeto de mofa y befa, como por ejemplo la filia digito-anal que se ha hecho tan popular gracias a la sorprendente confesión de eddu en su foro amigo.
Así, si, Picapiedra, y tengo que asegurarle que me asola el ser yo el que le ilumine a éste respecto, con la cantidad de experiencia forera que aparenta sobre sus espaldas.
Fiasco. Que es usted un fiasco.
¿Hombre? soltero, blanco, mongo, busca... escribió:Si realmente cree que por un escaneo de sus redondas domingas iba a renunciar a darle sopas con honda en este nuestro combate estaba muy, pero que muy equivocada. Eso sí, si el escaneo resultare finalmente interesante, no dude que le dejaré un mensaje en la sección de contactos a la que es tan aficionada.
Vergonzoso.
Sus ilusiones para conmigo mejor ahórreselas. Comprendo que poséo un aura carismática y deseable como pocos, pero esto es obsceno en todos los sentidos, y está fuera de lugar en un ring.
Estaré atento cuando me acerque a usted en breve para hacerle una presa.
Las manos donde pueda verlas, julandrón prehistórico.
Efectivamente, jamás una edición de bolsillo podrá superar una edición clásica, o, de lujo.
Tercera cagada en cuatro párrafos, calandraca petulante.
Una edición de bolsillo supera a la de lujo en infinidad de detalles importantes tales como el precio, la manejabilidad, comodidad, tamaño ergonómico...
Para tu réplica, te aconsejo que pienses aunque sea un par de segundos antes de teclear la parida de turno.
A partir de aquí, las ventajas de la edición de lujo son inacabables.
Como ya me pasó con Palahniuk, ante éste comentario me esperaba encontrar con todo un enorme, extenso y acertado tratado acerca de las bondades de la edición de lujo.
Veamos qué sucede ahora (es fácil de imaginar):
Mientras que la edición de bolsillo tiene una durabilidad infinitesimal debida a la paupérrima calidad de sus materiales, las ediciones de lujo permiten que los hijos de nuestro nietos disfruten aún de la misma obra.
Qué pillín eres, Picapiedra.
Esa cursiva envolviendo la palabra "infinitesimal"...
Amiguete. Vaya usted a la estantería de su cuarto, donde tiene su biblioteca particular. Escoja usted el primer libro que encuentre de edición de bolsillo.
Cualquiera al azar.
Venga, le espero.
...
¿Ya?
Bien.
Como podrá comprobar, las páginas estarán ligeramente amarillentas, pero ése será el único vestigio de antiguedad que podrá usted encontrar en esa obra.
Y es que, por mucho que usted se empeñe, la duración de un libro de edición de bolsillo es perfectamente suficiente para que éste pueda ser leído por cerca de tres generaciones sin ningún tipo de problemas, siempre, claro (y aquí es donde debo abrirle los ojos con crudeza), mientras seamos unos lectores respetuosos con los materiales que tenemos entre manos.
¿Qué me refiero con esto?
Picapiedra se debe estar pensando que para leer un libro de bolsillo, y que éste dure, serán necesarias unas pinzas con las que pasar las ojas, unos guantes de cirujano, una luz apropiada para no dañar la celulosa, etc...
Y no.
Para que éste libro de bolsillo nos dure, lo único que tendremos que hacer será leerlo.
Pero no leerlo al estilo Picapiedra, sino leerlo como una persona normal. Pasando las ojas a ciertos intervalos, con las manos (no con la nalga derecha, Picapiedra) de una en una (no aleatoriamente, Picapiedra), y leyendo todas las palabras (no sólo las que están en colorines divertidos).
Vaya a su biblioteca particular, repito, y me juego lo que quiera a que posée usted libros en ediciones de bolsillo de hace más de 40 años. Y los que les queda.
En mi casa los hay, y bastantes. Y no soy ningún erudito ni mucho menos. Y en la casa del 100% de las personas racionales y civilizadas.
Usted se acaba de declarar como un manazas bastante corto.
Y otro punto a éste respecto (también puede ser tomado como un consejo paternal).
El gasto que usted tendrá que hacer frente para hacerse con una edición de lujo, será bastante (y me quedo corto) superior que el que realizaría comprando dos ediciones de bolsillo.
¿Lo ha adivinado, Picapiedra?
Una de ellas para que usted la lea y la destroce en el intento.
La otra para guardarla hasta que sus hijos tengan razonamiento, y entonces que dure muchas generaciones.
Picapiedra, con un hilo de baba cayendo sobre el teclado, escribió:¿Quién no se ha encontrado con una de esas ediciones sencillas en las que las páginas siguen unidas por alguna de sus partes? Si la obra nos interesa y el afán de lectura nos tiene cautivados, el resultado puede acabar siendo el de romper una de las hojas al intentar separarlas.
Atención a la negrita.
Sólo un tipo con pleno descontrol de sus facultades mentales despegaría las hojas con sus mugrientos dedos.
Todo tipo con dos dedos de frente se hará con un cutter afilado, y dará buena cuenta del juego manual que nos ha propuesto el editor de turno.
Y es que los libros de bolsillos, aparte de la diversión que nos proporciona la lectura, también nos ofrece mil y una diversiones paralelas.
Encantadoras todas.
Y no se olvide usted de cuando la tinta de la máquina de edición falla, y tenemos incluso que adivinar el texto que el autor escribió en realidad.
Es un juego cómplice que nos proponen desde la editorial, soterradamente, en el que se nos dá la oportunidad de crear nuestra propia historia si nos place y la tinta no hace el menor acto de presencia.
Todas estas maravillas no se encuentran, por supuesto, en las ediciones de lujo. Un puto coñazo, señoras.
Y tan sólo una mente bovina las tildaría de "defectos", cuando no son más que deliciosos y sorprendentes desafíos a nuestra imaginación.
El Terror de Visionlab escribió:Además, las ediciones de bolsillo de magnas obras, son una invención clara del Gremio de Oftalmólogos y la Federación de Comercios Ópticos, pues al no poder abarcar el número de páginas que ocupa una obra en edición correcta, nuevamente se demuestra el déficit de los materiales, la solución de los fabricantes es reducir el tamaño de los carácteres a la mínima expresión. Consecuencia: perjuicio para nuestra vista, y los traficantes de gafas siguen enriqueciéndose.
Pues no, amiguete.
La letra pequeña no daña la visión, sino todo lo contrario:
Obliga a nuestro cristalino ajustarse adecuadamente, a esforzarse para hacer enfocar correctamente la luz sobre la retina.
Es un ejercicio de lo más saludable que no reporta más que beneficios y un incremente de nuestra agudeza visual.
Cosa que no ocurre en las ediciones de lujo:
CUYA LETRA ES
DEL TIPO QUE LEEN
LOS NIÑOS PEQUEÑOS
QUE ESTÁN APRENDIENDO A LEER.Las ediciones de bolsillo tratan a sus lectores como tipos adultos, Picapiedra. De ahí su estupor y rabia hacia ellos.
Y antes de continuar, hacer tan sólo un inciso:
Y es que Picapiedra (aunque quiero seguir pensando que en realidad se trataba de su primo Korky, traviesillo y correoso) a continuación se va a cubrir de gloria.
Atención:
Un gerifalte de ANESVAD escribió:La edición de bolsillo perjudica la igualdad y globalidad tantas veces cacareadas entre Primer y Tercer Mundo, pues como UNESCO ha denunciado tantas veces, el analfabetismo de éste último es un hecho grave, quizás el más grande cuando esas pobres criaturas pueden llenar sus carenciales panzas.
Y el perjuicio en este caso es la falta de cooperación de estas ediciones a la alfabetización de estas gentes, pues mientras que las ediciones de lujo suelen contar con ilustraciones elaboradas, que pueden servir para que los misioneros y pertenecientes a O.N.G.s expliquen la historia que el libro cuenta a través de ellas, enganchando a los residentes a la ilusión que un libro puede despertar, la edición barata o de bolsillo, carece de imágenes, por lo que la ininteligibilidad de los carácteres escritos conllevará la imposiblidad de igualdad.
Se vé que lo has escrito con las ganas que tan sólo nacen cuando tienes las sensación de que tu argumentación es irrebatible y tangencial a la genialidad.
Y ese es un error que no te puedes permitir a estas alturas de competición, Picapiedra.
Lo explicaré de forma sencilla:
La igualdad con los negros de Somalia no la dá el que ellos puedan ver o no dibujos. Usted me está hablando de enseñarles a mirar cuentos. Yo le hablo de la delectación que tan sólo se puede sentir cuando tenemos ante nuestras manos, y lo comprendemos, un buen libro cargado única y exclusivamente de un inolvidable conjunto de letras combianas con la intención de hacernos sentir sensaciones. Y nada más.
Y nada menos.
Yo le hablo de enseñarles a leer, no a mirar.
Si por usted fuera, los negritos somalíes se quedarían tan analfabetos y desprotegidos como los de ahora.
Por otra parte, éste último comentario suyo suelta un tufo a demagogia más propia de un anuncio de ANESVAD o de Médicos Sin Fronteras que de un luchador valiente del Posting.
En ninguno de sus puntos ha demostrado que la edición de lujo sea mejor que la de bolsillo, salvo en el tema del precio, en el cual la primera sí que le dá muchas vueltas a la honrada segunda.
Así que nada, Picapiedra.
Olvide lo aparentes que quedan sus estanterías con todos esos tochos multicolores y horteras, y céntrese en la verdadera esencia de la lectura; carente completamente de añadidos innecesarios como dibujitos, fotos, biografías y demás gilipolleces.
Un libro es un libro. Una historia es una historia. Y una edición de lujo no la hacen ni a lo uno ni a la otra mejores.
No se complique la vida, bájese el próximo domingo al Rastro que le pille más cerca; compre barato, y lea.
Y disfrute.
¿Lo harías por ella?Smuackis, Sra. Criadillas
¡¡Oh, muero, muero!!
PD:
Tú, aún esperando la sopa... y las hondas,
Criadillas.