Perdonen por la paja mental que se acaba de hacer mi compañero, pero tienen que entenderlo. Para él no ha sido fácil nada en esta vida.
Les meto en materia.
Creo que viene de una familia de gitanos rumanos. (No, los del baptisterio no, esos eran cristianos romanos). Lo encontré al tirar la basura cuando era un pequeño retoño. Siguiendo vagas pistas conocí a sus padres. Me ofrecieron lo poco que tenían (una cabra, un peine sin apenas puas y la flor de sus seis hijas, menores de edad) a condición de que no tuviesen que volver a verlo en la vida.
La madre, visiblemente contenta tras comentarla que yo adoptaría a su deforme hijo.
Y me dio pena. Mucha pena. Tanta que decliné amablemente sus regalos y lo llevé a un hospital.
Un examen médico completo reveló sus evidentes taras mentales. Tras enseñarle con suma dificultad a hablar (el pobre chico mostraba un intelecto similar al de un cenicero lleno de colillas) el chaval nunca llegó a decir nada coherente. Pese a que manejaba bastante bien la gramática y la sintaxis, su bajo (debería de decir cuasinulo, dado que haría bastante más honor a la verdad) intelecto le hacía fantasear todo el día. Vamos que todo el día se lo pasaba pensando/contando/escribiendo las más supinas gilipolleces.
No quedaba otro remedio que adoptarlo. Desde entonces le quiero como lo que es: un hijo tonto (creo que es exactamente el mismo cariño que Marco profesaba por su mono Amedio, comparación por otra parte, bastante acertada, si se me permite la inmodestia). Vive en mi casa. Pese a que siempre pudo disfrutar de los más copiosos manjares, siempre demostró una especial predilección por el pienso para perros. (De ahí su nick, el "de Lobo" lo usa solamente para darse aires de majestuosidad y pomposidad, de los que, efectivamente, carece) En sus cumpleaños (aún no sabemos su edad exacta ni el día de su nacimiento, así que celebramos el día que le saqué del contenedor de reciclaje de vidrio donde lo metieron sus padres) le pongo hasta una tarta con velitas. Lo que más le gustan son precisamente las velas. Sobre todo encendidas. "Sabe a fuego", exclama pizpireto al metérselas en la boca.
Perro, en el hospital, momentos antes de que los médicos le operasen de urgencia para extraerle una botella de whisky que tenía clavada en la axila.
Hoy en día conserva exactamente la misma expresión en la cara.
En su último cumpleaños, le regalamos un ordenador (aunque seguía diviertiéndole sobremanera el de vtech que le compré para que practicase lo que le iba enseñando sobre el lenguaje y las matemáticas) para que se entretuviese (el chaval poca vida social puede tener con esa cara que dios le ha dado) y pudiese hacerse pajillas con el internet (el muy cabrón dejaba todos sus calcetines almidonados y se frotaba contra cualquier superficie, tanto pulida como rugosa). Tras un intensivo curso en el que traté por todos los medios de que no terminase siendo un patán cualquiera de foro (pulse
aquí y escoja uno al azar, las estadísticas dicen que dos de cada dos y medio son lerdos) le mostré los foros en los que solía participar. Y el chaval era feliz.
Hasta el día de hoy. Hoy me pedís cual Abraham que sacrifique a mi primogénito. Al ser deforme y desdichado que he cuidado y protegido toda mi vida. Y todo por un combate de posting. Destrozar y humillar a mi pobre Perro. Por un combate.
Pues que le den por el culo. Si si, en serio, que lo jodan. No sé por que hostias se me tuvo que ocurrir sacarlo de esa pila de botellas rotas. Mi buen corazón. Tan buen corazón como caperucita. Como se desvivía la pobre muchacha por su abuelita.
Porque caperucita inspira eso: respeto por los ancianos (respeto que casi le cuesta la vida a la protagonista), a la vez que ensalza la victoria evolutiva de los humanos sobre el resto de los animales del planeta. No os dejéis engañar por Perro. El carece de inteligencia suficiente como para hacer una síntesis correcta ni de un cuento infantil. (De ahí que pretenda defender la mierda pinchada en un palo que viene a ser pinocho, pero tranquilos, eso lo dejaremos para dentro de unos instantes).
La ciencia ya ha descubierto que Perro sólo escogio defender a Pinocho debido a un supositorio albergado en su cerebro que le impide pensar con claridad. (O sin ella)
Caperucita es una niña modélica. Camina pizpireta por el bosque con una cestita para su abuelita, aun sabiendo a ciencia cierta que en la fauna local existen depredadores capaces de acabar con su vida en cuestión de segundos. Pero eso a caperucita le da igual. Es capaz de entregar (en un acto que la honra) la vida por su abuelita. Y lo hace desinteresadamente. Y estoy seguro que volvería a hacerlo. Porque caperucita, además de ser una niña extraordinariamente consecuente con el fraternal amor que profesa por su abuela, tiene un par de ovarios bien puestos.
Pinocho es un ser de madera (estudios científicos sugieren que su cerebro permaneció siendo de madera después de convertirse en niño) que en el comienzo del cuento, no para de desobedecer al gilipollas redomado de Gepetto (si llego a ser yo le meto unas buenas somantas de ostias -programadas- para meterle en vereda).
El cuento está lleno de metáforas que el diminuto cerebro inferior del bueno de Perro no alcanza a comprender. Como por ejemplo el hecho de que le creciese la nariz cuando mentía. La metáfora del crecimiento de la nariz no es otra que el progresivo desviamiento del tabique nasal de Pinocho causado por la inhalación continua de cocaína en polvo que le proporcionaban dos gitanos. (Los dos amiguetes de correrías)
Cabe resañar además, que el cuento original de Pinocho está censurado para no causar demasiados traumas a los niños, ya que en realidad Pinocho cumplió su noveno cumpleaños en una clínica de rehabilitación, el décimo en un reformatorio y el decimoprimero en un semáforo ofreciento su culo por algo de caballo.
Al final del cuento, Pinocho muere a navajazos en una cárcel en la que había ingresado por violar ancianas. Estaba perdido de todos modos, ya que su SIDA estaba ya en estado terminal.
Pero claro, vosotros solamente conocéis la cutre-versión del maricón redomado de Walt Disney. (Menudo hijodelagrandísimaputa). En especial Perro, ya que es su libro fetiche, aunque se niega a reconocerlo después de que le pillase grabándose con una videocámara mientras se masturbaba viendo al hada madrina de Pinocho.
Pinocho es un ser que sólo con arrepentirse obtiene el perdón de repente. Con dos cojones. Como Farruquito, vaya. Y desengañaros, joder, que el grillo ese que ve no es su conciencia. Que no coño. Pero si te pones dos gramos de cocaína tres tripis y dos cuartos y te comes cuatro metanfetamínas, lo raro es no ver nada, joder. Pinocho era un puto yonki.
Pinocho después de un buen piquito de heroína cortada con cal.
¿Confiaríais en la historia de un Lo_Campano de madera para educar a vuestros/as hijos/as? ¿O por el contrario preferiríais contarle el bello cuento de una niña que es capaz de dar cualquier cosa por el bienestar de sus familiares ancianos?
La respuesta está clarísima, aunque quizás necesite de un nuevo post para masacr... esto... convencer al tont... esto... ¡qué cojones! A ese engendro de mil padres llamado Perro De Lobo.