La Cosa Nostra

La editorial asocial, desde la mas inmunda basura hasta pequeñas joyas... (En obras)
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Nicotin
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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Nicotin » 25 Sep 2007 10:48

Yongasoo escribió:Y por qué lo querían matar a Frank Sinatra? Cosa de faldas o tenían miedo de que se le fuera la lengua?

El texto esta muy bueno Nico, yo que soy completamente ignorante en estos temas lo encontre clarisimo y muy interesante, eso si, con algún que otro agregado morbosete estaría mejor. Ya se sabe, pan y circo.


Sí, las historias de "X se carga a Y, luego Z se carga a X" ya vendrán, descuida.

En cuanto a Sinatra, tuvo una época muy descontrolada. Iba comportándose por ahí como si fuese un matón (era muy violento, pero sólo cuando estaba en ventaja -rodeado de guardaespaldas- o contra mujeres) pero después eran sus amici de la CN quienes le sacaban de apuros, "convenciendo" a los perjudicados para que no demandasen al cantante.

Lo peor fue un caso en el que una mujer aseguraba que Sinatra había tenido que ver con la muerte de su marido, a quien mientras conducía su coche otro vehículo había embestido obligándole a salir de la carretera y forzando un accidente. Resulta que días antes el marido le había partido la cara a Frank, por faltarle el respeto a su esposa, quien antes de conocerle había salido con Sinatra. La mujer no cesaba de repetir que Sinatra estaba implicado, lo cual era un marrón considerable porque supuestamente le había ayudado gente de la mafia.

Supongo que Giancana estaba cansado de que Frank Sinatra usara su amistad para dar rienda suelta a sus arrebatos, a fin de cuentas desde la lógica de Cosa Nostra su conducta era comprometedora e inadmisible incluso para un mafioso, y Sinatra no era ni siquiera eso, sino solamente un amiguete.

Supongo también que si no se lo cargó es porque muchos Padrinos (pese a tener un pasado muy violento como el propio Giancana) llegan a la cumbre precisamente por su capacidad para analizar las cosas con frialdad y no excederse. A fin de cuentas, un asesinato conlleva una posterior investigación policial, más aún si se trata de un famoso.
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rianxeira
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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por rianxeira » 25 Sep 2007 17:38

Cojonudo el "dossier".

Sobre las relaciones de Lucciano sobre el ejercito, siempre se ha dicho que, aparte de para vigilar los muelles de Nueva York, se utilizó a la mafia para "ablandar" la resistencia italiana en los desembarcos de Sicilia y Salerno. Sobre todo porque Mussolini les estaba haciendo muy mucho la puñeta a los de la camorra y adlateres.

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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Stewie » 25 Sep 2007 19:42

rianxeira escribió: Sobre todo porque Mussolini les estaba haciendo muy mucho la puñeta a los de la camorra y adlateres.


Se cuenta que la revelación le avino (a Mussolini) en un pueblo en provincia de Palermo, donde tenían un alcalde mafioso; y el alcalde tuvo la ingnuidad de comentarle que no venían a cuento ni tantos carabineros, ni tantos policias para proteger al jefe de gobierno, el Duce de la Italia fascista. Bastava sólo él, su autoridad, su prestigio. Mussolini se informó, supo quién era el alcalde y qué era la Mafia y ordeno una represión brutal, mandando a Sicilia al prefecto Cesare Mori con plenos poderes. Funcionaria indudablemente capaz y con autoridad practicamente ilimitada Mori atacó la Mafia a todos los niveles. Tanto a nivel de peones como a nivel de capos, los métodos que utilizó aparacen repugnantes a la conciencia civil: pero considerando que hoy con la institución parlamentaria anti-mafia son de tipo represivo y contrarios a los principios constitucionales republicanos, por no hablar de que se limitan al nivek de los peones, es necesario reconocer que la operación de Mori fue por lo menos más dirigido a la raiz y que golpeó a mafiosos de alto status social. Golpeados por el fascismo, los mafiosos se dieron por completo al antifascismo. Si se hubiese dado en Sicilia como en el Norte la lucha armada contra el nazismo-fascismo después de la caída de Mussolini y durante la ocupación alemana, la organización de brigadas partisanas y todo ese movimiento de resistencia que se dió en el Norte, los mafiosos hubieran sido sin duda los partisanos más valerosos y honorables. En lugar de ello, el 10 de julio de 1943, 15 días antes de la destitución de Mussolini, las tropas anglo-americanas desembracaron en Sicilia.

Leonardo Sciascia


Muy bueno el dossier. Como todos le hecho en falta la pimienta.
Pepe escribió: A mi todo esto (la extinción del lince) me parece una mierda. El lince mola, es bonito como gato y elegante como abrigo, que se vaya a la mierda no mola, que hagan corridas de linces.

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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Nicotin » 26 Sep 2007 02:33

rianxeira escribió:Cojonudo el "dossier".

Sobre las relaciones de Lucciano sobre el ejercito, siempre se ha dicho que, aparte de para vigilar los muelles de Nueva York, se utilizó a la mafia para "ablandar" la resistencia italiana en los desembarcos de Sicilia y Salerno. Sobre todo porque Mussolini les estaba haciendo muy mucho la puñeta a los de la camorra y adlateres.


Como dice el texto que ha puesto Stewie, Mussolini persiguió a la Mafia, pero eso no impidió que importantes elementos de la C.N. estadounidense se colaran en la cúpula fascista, y bien alto: el mismísimo Vito Genovese se hizo camello personal del conde Ciano, yerno de Mussolini, y gracias a ello pudo dedicarse al contrabando en Italia durante la guerra. Y por entonces Genovese ya era alguien muy, muy importante en la mafia: incluso había sustituído brevemente a Luciano como Padrino de su Familia, que era la más importante y poderosa de Estados Unidos

Parece que Mussolini perseguía a la Mafia de su propio territorio, pero no tenía inconveniente en que le rondaran "Hombres Hechos" llegados de los USA.

Hubo otro importante miembro de la CN que también hizo sus negocios con gente del gobierno fascista, pero ahora no recuerdo quién.
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Mi muy querido Nicotín:

Mensaje por Dolordebarriga » 26 Sep 2007 03:18

Con toda la admiración que siento por ti (admiración que comparto con casi todo el foro) tengo que decirte que no se que hace en "literatura" tu trabajo de primero de BUP sobre la Mafia. Su lugar debiera ser historia ( o traumas varios) porque te has limitado a escribir letra tras letra sin darle ningún sentido narrativo al texto.

Lo que cuentas, eso si, no por ya contado mil veces en libros,documentales, películas y páginas de internet, deja de ser interesante a ojos de buen forero.

Si sigues, y sigues aquí ( si, ya se que tú, al igual que todos hace lo que le pasa por los cojones en el PH) sería bueno que, como te piden otros foreros que impregnaras las segundas partes de nicotinismo y le dieras un poco de vida y calidad a tu informe.


Tú, no me lo tengas en cuenta;

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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por PrimeroDerecha » 14 Oct 2007 21:51

Impresionante.
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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Stewie » 22 Oct 2007 20:04

Bella l'Italia


CONTROLA UN 7% DEL PIB
La 'famiglia' mafiosa, la 'empresa' más rentable de toda Italia al facturar 90.000 millones anuales
La mafia ha bañado de sangre las calles de toda Italia. (Foto: EPA)

La mafia ha bañado de sangre las calles de toda Italia. (Foto: EPA)

G. MORENO (EUROPA PRESS)

ROMA.- La mafia italiana factura cada año unos 90.000 millones de euros, alrededor de un 7% del Producto Interior Bruto (PIB) del país transalpino, según un informe elaborado por Confesercenti, patronal de la pequeña y mediana empresa. Una cifra que supone el mayor 'negocio' privado de aquella nación.

En la presentación del informe estuvo presente el presidente de Confesercenti, Marco Venturi, además del viceministro del Interior, Marco Minniti, quien avanzó nuevas medidas para combatir la criminalidad organizada, especialmente contra su patrimonio.

La usura y el chantaje son sus principales actividades. La primera supone 30.000 millones de euros, mientras que la segunda aporta otros 10.000 millones. Estas cifras demuestran que los negocios aparentemente más lucrativos de las películas, como el contrabando (2.000 millones), o los juegos y las apuestas (2.500 millones), no son un pilar básico de la mafia.

Otras formas de extorsión son el robo, que suma 7.000 millones, y el fraude, que representa otros 4.600 millones de ingresos.

En total hay 160.000 comerciantes afectados por la extorsión. Aunque algunas zonas del país apenas sufren este mal, lo cierto es que otras están totalmente tomadas, como Catania y Palermo, donde más de un 80% de las empresarios tienen que pagar tributo.

A pesar de todo ello, el informe denuncia que uno de los elementos más alarmantes es la actitud que mantienen muchos empresarios, especialmente en el ámbito de las obras públicas, ya que prefieren llegar a un pacto con la mafia antes que denunciar el chantaje.

El pasado agosto la mafia llevó su violencia fuera de las fronteras de Italia. En Duisburgo, seis hombres de un clan fueron asesinados en un ajuste de cuentas por la 'Ndrangheta, la mafia calabresa.


http://www.elmundo.es/mundodinero/2007/ ... 72470.html
Pepe escribió: A mi todo esto (la extinción del lince) me parece una mierda. El lince mola, es bonito como gato y elegante como abrigo, que se vaya a la mierda no mola, que hagan corridas de linces.

Álvaro
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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Álvaro » 23 Oct 2007 02:08

Hay colgado por youtube un vídeo de Beppe Grillo, "cómico" italiano que se dedica a denunciar los trapicheos que le parece a él que ve.

Desde alguna tribuna importante, se queja de que en Italia a los diputados no los elige el pueblo. Esto es, en las urnas se vota al partido que no tiene la obligación de presentar sus listas de candidatos. Esto por lo visto provoca que la gente que se conserva en el cargo hieda cada vez más a rancio y corrupto. A modo de dato, dice que en el parlamento uno de cada diez diputados tiene problemas con la justicia y para ayudarnos a comprender el dato se va a su barrio natal de Nápoles, de los más peligrosos del mundo, en el que la porcentual de "problemas con la justicia" es MUCHO menor.

Por cierto, Beppe Grillo antes salía en la tele, pero visto que en internet llega al mismo número de personas sin tener que enfrentarse a las demandas por injurias y calumnias que le interponían los "calumniados", ha cerrado la primera vía.

Tengo entendido.

La fuente:

´-

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Narciso
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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Narciso » 20 Nov 2007 07:08

Dios!!! cómo os ha enganchado este tipo con su dosier autodidacta. No querría tenerte como amigo Nicotina. Recuerdo que conocía al primo de un amigo, al cual le llamaba la atención el fascismo al principio, luego se autroproclamó fascista y entró en las fuerzas armadas, terminó de guardia de las civiles, y dios quiera que no me la tope con él, porque la última vez que lo vi tenía la mirada perdida como la de los psiquiatras. UHHHHHHHHHHHH espasmódico, se me enfrian los pies.

De veras, no os interesa, no sé, la pintura... Hablen de un pintor, o de algun bonito arte. jejeje, ya me veo a Nicotina creando el hilo:
Pablo Picasso, un andaluz afrancesado y chaparro que pegaba a sus novias, algunas de cuyas obras pudimos ver colgadas en el stand de la novia del impersonator de Obras Públicas. Con foto adjunta de mujer maltratada por el pintor y el cuadro al lado, aunque esto último siempre es prescindible.

Pero aun así, buen trabajo. Lastima que a muchos el morbo les lleve a querer saber a que puede llegar el ser humano con ataraxia e/o indiferencia. Trivialicemos pues. Todo lo que se puede se puede, y con ello me refiero a todo lo que imaginemos y sea factible.

Me las piro babuinos. Sigan con su fiesta.
"... -Loren: Hablo sinceramente al decir que te necesito porque me siento sola, ¿Crees que miento, verdad?.
-Robert: Nadie miente cuando habla de su soledad. ..."

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Re: La Cosa Nostra

Mensaje por Nicotin » 23 May 2008 16:02

Auge y caída de Benjamin Siegel.

Ben Siegel, el hombre que “inventó” Las Vegas.
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20 de junio de 1947: el célebre gangster Benjamin Siegel, de 42 años, a quien la prensa ha bautizado como “Bugsy” para su disgusto, sale del local donde acude regularmente a hacerse la manicura. Impecablemente vestido, como es su costumbre, conduce a través de Hollywood en una soleada mañana: se detiene a comprar el periódico y después se dirige a la mansión propiedad de su novia, Virginia Hill. Ella está de viaje en Europa; probablemente ingresando en una cuenta suiza dinero robado a la Mafia... ya acumula casi un millón de dólares (¡dólares de la época!) en su banco de Ginebra. Dinero que, supuestamente, debía haber sido invertido en la construcción del primer casino de lujo de Las Vegas: el “Flamingo”, pero que ahora está en una caja fuerte a nombre de Virginia Hill.

“Bugsy” Siegel entra en la mansión: el hermano de Virginia Hill está en el piso de arriba, pero él se dedica a sus propios asuntos. “Bugsy” hace un par de llamadas a Las Vegas, a su querido “Flamingo”, inaugurado sólo unos meses antes. Se siente relajado y feliz: el casino está empezando a hacer dinero tras una desastrosa etapa inicial. Siegel ha pasado por una mala época: sus amigos de la cúpula mafiosa le habían dado un millón de dólares para levantar el casino, pero al final se había gastado ¡seis millones de dólares! para poder completarlo. Para colmo, a esos cinco millones de desfase presupuestario se suman las pérdidas de los primeros meses. Una situación peliaguda, sin duda, y Siegel lo sabe: cualquier otro en su lugar, ¡ya estaría fiambre!

Pero ahora ya es junio y las cosas comienzan a arreglarse: tal y como él preveía, su lujoso casino-hotel está empezando a atraer a mucho público y, de seguir así, puede convertirse en uno de los negocios legales más lucrativos de la Mafia. Siegel podrá saldar sus deudas, ya sea repartiendo dividendos o incluso vendiendo su participación a los Padrinos. ¡Ya pensara qué hacer! Ha capeado lo peor del temporal con vida: como en tantos tiroteos de su adolescencia, como en tantos trabajos que ha hecho para la Mafia, Ben Siegel se ha salido con la suya sin uno solo rasguño. Tras superar el peor trance de su carrera criminal puede empezar a sentirse orgulloso: es uno de los gangsters más importantes del país. Incluso ha triunfado en Hollywood: se ha codeado con las grandes estrellas del celuloide, y ha salido con actrices de moda como la mismísima Jean Harlow, la mujer del Rubio Platino a quien imitaría después su discípula Marilyn Monroe. A sus 42 años, Siegel está en la cima.

Se sienta en el luminoso salón, repleto de sol que entra a través de los grandes ventanales. Se sienta en el sofá y se dispone a leer confortablemente el periódico.

No llega a oír el disparo que termina con su vida: las balas viajan más rápido que el sonido, y una de ellas atraviesa el cristal alcanzándole en el ojo y penetrando hasta el cerebro. Su globo ocular sale disparado hasta un rincón varios metros más allá (donde, más tarde, será encontrado por un policía). Aunque ya está muerto, el francotirador que se esconde en algún lugar del exterior dispara algunas veces más su rifle de precisión, para asegurar que el célebre “Bugsy” no va a sobrevivir.

El cuerpo de Siegel, recostado sobre el sofá y aún con el periódico en la mano, es hallado por su cuñado, quien avisa a las autoridades. Nunca se averiguará quién fue el francotirador. Ni quién ordenó su asesinato... ¿alguno de los grandes Padrinos? ¿Joe Profaci? ¿Tony Accardo? ¿Joe Bonnano? ¿Vincent Mangano? En realidad poco importa: aunque el “Flamingo” estuviese empezando a dar dinero, Siegel había colmado la paciencia de los jefes mafiosos varios meses atrás. No era italiano ni pertenecía a la Cosa Nostra, así que cualquier Padrino podía borrarle del mapa sin pedir autorización.

Pero no era simplemente una bala lo que le había matado: Siegel había caído bajo el peso de su ambición, de sus sueños grandilocuentes, de la codicia de Virginia Hill, y de su propia irresponsabilidad. Había sido aplastado por su propia Visión, por la profecía que, como en una historia bíblica, había pronunciado antes que nadie: Las Vegas, una pequeña y desconocida población ganadera del desierto de Nevada, se iba a convertir en la gran Ciudad del Juego.

Y se convirtió. Sólo que él no vivió lo suficiente para verlo.

”Bugsy” filmado en sus días de vino, rosas y casquillos del 38.
Imagen


El hombre que inventó Las Vegas.

A mediados de los años 40, cuando Siegel decidió embarcarse en el gran proyecto de su vida, el “Flamingo” (de hecho, ¡el proyecto que le costó la vida!), Las Vegas era un ignoto lugar perdido en el desierto del que prácticamente nadie había oído hablar. Era un pueblo de paso en el cruce de dos carreteras interestatales, en el que había algunos hoteluchos y donde se estaban empezando a construir algunos modestos casinos y salas de juego: nada espectacular, simplemente sitios donde los viajantes y transeúntes podían echar algunas partidas de ruleta o tragaperras antes de continuar su trayecto. Por lo demás, en Las Vegas seguía imperando la mentalidad vaquera (la ganadería había sido el tradicional modo de vida del lugar) y sólo un hombre en el mundo había vislumbrado en lo que se podía llegar a convertir.

“Bugsy” había vivido siempre a la sombra de sus dos amigos y mentores: el gran y todopoderoso Padrino de la Cosa Nostra Charlie “Lucky” Luciano y su “consigliere” judío, Meyer Lansky. Luciano y Lansky eran las dos mentes criminales más brillantes de su época, los hombres que planificaron la reestructuración del crimen organizado. “Bugsy” no tenía el cerebro o la imaginación de sus dos viejos colegas y parecía condenado a pasar a la historia como el matón a la sombra de los dos genios... de no haber sido por su Visión. Antes que nadie, Ben Siegel habló de Las Vegas como (según sus propias palabras) de una futura “Montecarlo a la americana” y creyó que la ubicación de aquel pueblucho infecto era la ideal para erigir toda clase de hoteles, casinos y espectáculos de lujo. Convenció a la plana mayor de la Mafia de las posibilidades de Las Vegas y obtuvo su apoyo para construir el “Flamingo”: el primer gran casino-hotel de la ciudad en establecer un nuevo modelo de ocio que sería imitado una y otra vez y provocaría el surgimiento de la universalmente famosa “Ciudad del juego”.

Poco importa que Siegel jamás viviese para ver Las Vegas convertida en lo que él había predicho: cuando el peso de su ambición acabó con él ya se había ganado un lugar en la historia. En las dos décadas siguientes, Las Vegas se convirtió en una de las ciudades con mayor índice de crecimiento de la historia, y Benjamin Siegel sería para siempre recordado como el hombre que “inventó” Las Vegas, el gangster visionario que soñó con una gran Ciudad del Juego en mitad del desierto, y cuyo sueño, increíblemente, se hizo realidad pocos años después de su muerte.

La vida de Siegel es una de las mayores epopeyas en la historia de la Mafia. Nunca tuvo el poder de un Padrino, nunca manejó los hilos com Al Capone, “Lucky” Luciano o Carlo Gambino. Él era un hombre de acción, eficaz gestionando algunos negocios mafiosos, pero sin el poder de decisión ni la mentalidad innovadora de un “Lucky” Luciano. Pero su legado, por increíble que parezca, le emparienta con iconos de la Historia como Alejandro Magno o Gengis Khan. Puede que Benjamin Siegel fuese sólo un matón judío de Brooklyn, pero dejó algo tras de sí que nadie va a poder borrar: una ciudad en mitad del desierto.

Posando con expresión de “ya os enteraréis”
para la foto de su abultada ficha policial.

Imagen

Un matón judío de Brooklyn.

Hijo de inmigrantes austriacos, Benjamin Siegel creció en Brooklyn en una época en que el barrio estaba dominado por el crimen. Pasó su infancia y adolescencia cometiendo toda clase de fechorías: el mundo del delito era lo que más le atraía, porque podía ganar dinero fácil y porque podía dar rienda suelta a sus legendarios instintos violentos. Disfrutaba metiéndose en enfrentamientos de todo tipo, ya fuese a navajazos o incluso a tiros, y pronto fue célebre entre sus colegas por su arrojo casi suicida: en un tiroteo, siempre era el primero en lanzarse contra sus adversarios sin parecer tenerle miedo a la muerte. Durante años fue un leal ejecutor siempre a las órdenes de su jefe directo, Meyer Lansky, y del gran “Lucky” Luciano. Al parecer, ya durante su adolescencia cometió sus primeros asesinatos por encargo.

En su juventud comenzó a dar muestras de lo que iba a ser su personalidas. Tenía dos facetas bien diferenciadas: por un lado era elegante, de modales suaves, tranquilo y seductor. Por otro lado, era un frío psicópata capaz de cualquier cosa cuando alguien le tocaba las narices. Una truculenta anécdota ilustra bien esa dualidad: el joven Siegel tenía mucho éxito con el sexo opuesto, gracias a su combinación de modales galantes con un contenido aura de tipo duro. Pero precisamente ese éxito le llevaba a encajar mal las calabazas: en una ocasión, trató de seducir en un bar a una chica con la que estaba muy encaprichado. Se puso más pesado de la cuenta y la chica, tras rechazarle varias veces con educación, empezó a burlarse de él, despachándole con comentarios sarcásticos y humillándole delante de la gente. Aquello fue demasiado para “Bugsy”: cuando ella abandonó el local, la siguió, la obligó a entrar en un callejón y allí la violó. Después la abandonó, no sin hacer una advertencia: “no hables, o volveré para matarte”. Mucha de la gente que le conoció durante su vida jamás llegó a sospechar de hasta qué punto podía llegar la crueldad y el narcisismo pueril de Ben Siegel.

Pese a esos ocasionales arrebatos psicópatas, solía actuar fríamente y sabía limitarse a cumplir las órdenes de sus jefes, al contrario de otros matones que a veces se dejaban llevar por sus impulsos violentos. Siegel disfrutaba ejerciendo la violencia, pero sabía que excederse en el derramamiento de sangre no agradaba a los capos. Ello le convirtió en alguien muy valorado no sólo por sus colegas judíos sino también por los mafiosos italoamericanos. Su estrecha amistad con Charlie Luciano y Meyer Lansky, con quienes compartió innumerables correrías adolescentes, le convirtió en alguien respetado en ambas mafias, la hebrea y la italiana. Cuando a principio de los años 30, Luciano se aupó al liderazgo de la Cosa Nostra y nombró a Meyer Lansky su consigliere personal, Ben Siegel pudo dejar de ser un simple asesino a sueldo y empezó a ocuparse de la gestión de diversos negocios.

Meyer Lansky, el “cerebro” de la mafia,
amigo y valedor de Siegel durante toda su carrera.

Imagen

Desempeñó eficazmente las tareas que le fueron encomendadas, ya fuesen relacionadas con el juego o la prostitución. Su amistad personal con Luciano era un factor a considerar si alguien, incluso un Hombre Hecho de la Mafia italiana decidía enfrentarse con él.

El mejor ejemplo de su nueva posición de “rispetto” sucedió durante la llamada “Rebelión de las putas”. La prostitución de la Familia Luciano estaba dirigida por Davey Betillo, un individuo cruel y sádico que trataba a las prostitutas como animales. A una de ellas le rompió la mandíbula por no recaudar suficiente dinero; a otra le desfiguró la cara con ácido por negarse a atender gratis a uno de sus amigos. Las fulanas, cansadas de aquella dictadura de terror, se declararon en huelga y protestaron a gente del entorno de Luciano. El Padrino, molesto porque el sadismo de Betillo entorpeciese un negocio muy rentable, envió a “Bugsy” Siegel para negociar con las putas y poner en su lugar a Betillo. Siegel le dijo que su forma de llevar el negocio, maltratando a las putas, no era del agrado de Luciano.

Davey Betillo se sintió insultado: él era un miembro de la Mafia, ¿cómo se atrevían a enviar a un judío a enmendarle la plana? Aquel hebreo cabrón ni siquiera era miembro, ¡ni siquiera era italiano! Se negó a atender a razones: respondió que había ayudado a Luciano a ganar mucho dinero con los burdeles, y se permitió el lujo de amenazar a Siegel. Creyó que su pertenencia a la Familia le ponía, sí o sí, en una posición ventajosa con respecto a Siegel. Se equivocó: pocos días después, Davey Betillo aparecía estrangulado con un cable junto al río Hudson. Así funcionaban las cosas para Luciano: Betillo era italiano pero perjudicaba sus negocios; Siegel era judío pero era su amigo personal. Cuando tuvo que elegir entre uno de los dos, lo tuvo claro. Todo el mundo en la Mafia lo tuvo claro también: Ben Siegel era prácticamente intocable.

Charlie “Lucky “Luciano, el mayor Padrino en la historia de la Mafia,
para quien Siegel hizo de ejecutor durante varios años.

Imagen

El gangster que conquistó Hollywood.

Meyer Lansky envió a Siegel a la Costa Oeste, para que “Bugsy” pudiese dar rienda a su ambición: en Nueva York no tenía sitio para establecerse, pero en California había todo un mundo de posibilidades. Así, Lansky y Luciano le ordenaron hacerse con el control de las apuestas en carreras de caballos: de ese modo, Siegel podría manejar un negocio propio y ganar mucho más dinero del que ganaba en “la gran manzana”.

Siegel se estableció en Los Ángeles y comenzó a mover hilos en California y estados vecinos como Nevada. Fue por entonces cuando visitó por primera vez Las Vegas, aunque no quedó muy impresionado que digamos. L pareció lo que a todo el mundo:un lugar de paso repleto de paletos y con algún modesto casino destinado a sacarle algunos dólares a los camioneros y conductores.

Pero lo más llamativo de aquella etapa fue la relación de Siegel con el mundillo del cine. Era amigo del actor George Raft, famoso precisamente por sus papeles de gangster (de hecho, muchos gangsters reales imitaban su estilo). El público rumoreaba que Raft era un delincuente real metido a actor: eso no era cierto, pero sí había crecido en un barrio conflictivo donde había aprendido a parecer duro para protegerse, algo que le sirvió para interpretar a matones de forma impactante y creíble. Había vivido entre delincuentes ocultando su verdadera vocaciónm, que era la de ¡bailarín de claqué! Algo que, curiosamente, compartía con el otro gran gangster de la pantalla: James Cagney, quien también era famoso por sus caracterizaciones de tipo duro, pero que en realidad se consideraba principalmente un bailarín.

Siegel conversa con su amigo George Raft, quien, entre otros,
también mantuvo amistad con el mismísimo Al Capone

Imagen

De la mano de Raft, Ben Siegel empezó a acudir a fiestas de Hollywood y a codearse con estrellas como Gary Cooper o Clark Gable. Pronto no hubo fiesta del mundillo a la que no le invitasen: en aquel ambiente superficial y de apariencias, Siegel se puso de moda, convirtiéndose en el ojito derecho del pijerío cinematográfico. Por aquel entonces se tenía una idea muy difusa e idealizada de lo que significaba ser un mafioso, y eso le confería a Siegel un magnético aura de misterio y excitante peligro. Las actrices caían a sus pies: acostumbradas a salir con guaperas sin sustancia o con guionistas sin carisma, un auténtico tipo duro como Siegel constituía una irresistible novedad. Además, él se comportaba con fría elegancia y galantería, lo que contribuía a aumentar su aureola romántica y novelesca. Tuvo varios noviazgos sonados, principalmente con Jean Harlow, una de las mayores estrellas de la época. Aunque Siegel estaba casado y tenía hijos, se comportaba como un soltero en la práctica. Incluso apareció en revistas de cine y cotilleo como “novio” oficial de la Harlow, y llegó a acompañarla a fiestas y estrenos, lo que le dio cierta popularidad. Más tarde, ya separados, Jean Harlow diría de él que había encontrado irresistible su enigmático halo de delincuente, y que Siegel era capaz de “helar de miedo” a una mujer con una sola mirada.

Evidentemente, las celebridades de Hollywood eran demasiado panolis y, en general, tenían demasiado poco mundo como para comprender a qué clase de elemento estaban invitando a sus mansiones. Vivían en una nube de algodón y pensaban que “Bugsy” era un “malo de película”, que colgaba los hábitos para acudir a las reuniones sociales. Pero como en la parábola de la rana y el escorpión que citaba Tony Soprano, Siegel no tardó en mostrar su verdadero rostro.

Se hizo con el control del Sindicato de Extras, y empezó a chantajear sutilmente a las mismas incautas estrellas que le llevaban a sus fiestas. Cada una de sus nuevas películas debía dedicar una cantidad X a contratar extras (de la que Siegel, por descontado, se llevaba una suculenta parte). Si esa cantidad mínima no era satisfecha, los extras irían a la huelga poniendo el peligro el rodaje, ya que no era legalmente posible contratar extras sin sindicar. De ese modo, los principales actores y actrices se vieron obligados a presionar a sus productoras para aumentar el presupuesto destinado a los extras. Y así se daba la paradójica situación de que aquel tipo de Brooklyn que se morían por lucir en sus veladas mundanas, era el mismo tipo que les estaba chantajeando... que es lo que suele ocurrir cuando metes en tu vida a un gangster.

Jean Harlow, con quien Siegel formó una extraña pareja:
la mega-estrella de cine y el gangster de los bajos fondos.

Imagen

Pero no fueron sus chantajes lo que arruinaron su luna de miel con Hollywood, sino su empeño en demostrar que seguía siendo el mismo tipo duro de siempre. Los Padrinos de Nueva York le informaron de que se había localizado a una “rata”, un confidente, en California. Iban a enviar sicarios para eliminar al chivato, y aconsejaron a Siegel que se limitase a organizar el asunto sin involucrarse demasiado: “ahora eres demasiado importante como para mancharte las manos con esto”.

Era un buen consejo, bastante razonable, pero él se lo tomó por el lado equivocado: ¿acaso pensaban que por ir a fiestecitas de Hollywood ya no sabía cómo eliminar a alguien? ¡Tenía que demostrar a los Padrinos que salir con actrices y aparecer en revistas no le había amariconado! Así que se implicó más de lo debido en el asesinato. Resultado: durante la investigación policial fue detenido y llevado a juicio. Aunque no se presentaron pruebas sólidas en su contra y su caso fue sobreseído, ya era demasiado tarde: la prensa se había cebado con él. Los periodistas rebuscaron en su pasado, publicaron historias truculentas y le retrataron como a la más sórdida clase de gangster. Lo que más le jodió fue el apodo que le adjudicaron los periódicos, “Bugsy” (algo así como “majara violento”), que detestaba hasta el punto de que nadie se atrevió nunca a mencionarlo en su presencia, y por el que paradójicamente iba a pasar a la posteridad.

Virginia Hill.

Fue la última y más decisiva de las relaciones que pasaron por su vida. Aunque siempre había tratado a las mujeres con fría superioridad, cada macarrón rompecorazones tiene tarde o temprano su talón de Aquiles, y Siegel llegó a enamorarse realmente de Virginia Hill, hasta el punto de involucrarla en sus asuntos como nunca había dejado hacer a ninguna mujer antes. Algo que, por cierto, no contribuyó demasiado a evitar su desgracia. Ambos se conocieron en Chicago, cuando ella salía con un famoso corredor de apuestas asociado a la Mafia: Joe Epstein. Hill tardó pocos meses en romper con Epstein y marcharse a vivir co Siegel

Lo que “Bugsy” no conocía del todo era la turbulenta biografía de su nueva novia. Virginia Hill había nacido en una zona rural, en una granja, de la que se marchó a los quince años huyendo de los recurrentes abusos sexuales a que le sometía su padrastro. Se fue a vivir a Chicago y allí estuvo trabajando como camarera y azafata, hasta que decidió que aquellos empleos se le quedaban cortos y que podía ganar mucho más dinero haciendo algo que -según cuentan- se le daba especialmente bien: deglutir miembros ajenos. Ejerció como prostituta de lujo, y descubrió que su encanto personal tenía un especial efecto en hombres adinerados, con los que empezó a relacionarse. Cuando salía con Epstein, ella ya tenía una posición económica bastante desahogada por sí misma. De hecho, la lujosa casa de Los Ángeles en que vivió con Siegel era propiedad de ella, y no del mafioso.

Ben Siegel pagó sus propios errores, pero estar junto a Hill no le ayudó a moderar sus ambiciones. Ella era tanto o más codiciosa que él, también arrogante y lo bastante atrevida como para enfrentarse a la propia Mafia. Juntos formaron una pareja con apetito de tiburón que estaba destinada al desastre. No supieron poner freno a sus propios desmanes, aunque ella fue lo suficientemente lista como para sobrevivir al naufragio, algo que Benjamin Siegel no estaba destinado a conseguir.

Virginia Hill.
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El “Flamingo".

Ya en los años 40 había algunos gangsters que se habían fijado en aquella población como ubicación ideal para casinos: el juego era legal en el estado de Nevada, y Las Vegas estaba relativamente cerca de la gran ciudad de la Costa Oeste, Los Ángeles, con la que le enlazaba directamente una autopista interestatal. De hecho ya existían varios casinos y estaban funcionando bien, pero eran locales más bien modestos, como los que se puede encontrar en muchas pequeñas ciudades del mundo. Lo que Benjamin Siegel vio allí era diferente: imaginó un gran casino-hotel en el que los jugadores, ya que se dejaban su dinero en las ruletas, podrían encontrar lo que él llamaba una “experiencia total”. Por un precio razonable, encontrarían lujo, glamour, espectáculos, mujeres, bebida, y toda clase de diversiones destinadas a distraerles mientras se vaciaban los bolsillos. Un gran casino en el que los clientes se sintieran como reyes mientras eran desplumados, y donde pudiese acudir también gente que no buscase jugar, sino correrse una buena juerga bebiendo y contemplando actuaciones musicales y humorísticas mientras cenaba con atractivas señoritas de compañía, rodeado por un ambiente opulento.

Siegel estaba fascinado con su idea y se la comunicó a Meyer Lansky. Este era conocido como “el cerebro” por los demás mafiosos, debido a su aguda inteligencia y su olfato para los negocios. Lansky había gestionado casinos en Cuba, conocía el percal de primera mano, y enseguida vio las posibilidades de lo que “Bugsy” le proponía, así que llevó el proyecto a la Comisión de la Mafia, donde obtuvo el entusiasta apoyo de los grandes Padrinos de la Cosa Nostra. Decidieron poner un millón de dólares de sus bolsillos en manos de Siegel, para que construyese su prometedor casino.

El gran complejo de ocio ideado por Siegel
para la “experiencia total” en Las Vegas.

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Benjamin Siegel se sintió finalmente en la cumbre de su carrera. Tras años de realizar toda clase de trabajos engorrosos para las Familias, ahora podría construir, supervisar y dirigir el gran casino-hotel de sus sueños. Iba a convertirse en un gran hombre de negocios respetable. Con muchos cadáveres, chantajes, robos y secuestros a sus espaldas, finalmente había llegado la hora: él, Benjamin Siegel, el antiguo delincuente juvenil de Brooklyn, iba a ser un pez gordo.

Bautizó a su proyecto como “Flamingo”. Según contó después “Lucky” Luciano en sus memorias, la idea se le ocurrió a Siegel mientras él, Luciano y Lansky viajaban en automóvil a través de Florida. Pasaron junto a una albufera donde se veía la bucólica imagen de una bandada de flamencos caminando sobre el agua, lo que Siegel tomó como augurio de buena suerte. Naturalmente es de mafiosos de lo que estamos hablando aquí, y en la Mafia es habitual que circulen versiones más macarras y sarcásticas de cada historia. Según rumoreaban los Capos de entonces, “Flamingo” era el apodo que Siegel le había dado a Virginia Hill por su, al parecer, insólita habilidad para las mamadas (obsérvese el típico movimiento de cuello de los flamencos y la facilidad con que tragan peces). Sea como fuere -la versión de Luciano parece la más probable-, el futuro gran casino iba a llamarse “Flamingo”, e iba a ser el inicio de toda la locura desatada en torno a Las Vegas.

Los problemas financieros acosaron a “Bugsy”
durante la construcción de su casino.

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Las alas de Ícaro están hechas de billetes de dólar.

Siegel era bueno como relaciones públicas (pese al acoso periodístico, aún mantenía contactos en Hollywood). Durante años había mostrado su eficacia en toda clase de tareas para la Mafia: como asesino, gestionando prostíbulos, gestionando apuestas, negociando... Siempre había sido, pese a su desmedida ambición, un tipo leal y obediente. Y era el amigo y protegido del gran Luciano y del unánimemente respetado Meyer Lansky. Pero había algo que a nadie se le ocurrido considerar en aquel delicado momento: Ben Siegel no tenía experiencia inmobiliaria ni la más remota idea de cómo supervisar adecuadamente una gran construcción como aquella. Tenía un millón de dólares en la mano (que, en aquella la época, eran considerados suficientes para afrontar la obra), pero pronto comenzaron a presentarse los problemas.

Por un lado, EEUU acababa de salir de la II Guerra Mundial y los materiales de construcción escaseaban, por lo que su precio se había disparado, y el inexperto Siegel no sabía dónde buscar gangas o cómo obtener tratos ventajosos de sus proveedores. Y para colmo, algunos de estos proveedores (que como sabemos poco tienen que envidiar a los propios mafiosos), al notar la candidez de “Bugsy” en todo o relacionado con la construcción, empezaron a estafarle inflando las facturas o entregando varias veces exactamente el mismo material como si se tratase de pedidos distintos (por ejemplo, un proveedor de palmeras y plantas ornamentales llevaba los camiones durante el día a la obra, luego se los llevaba durante la noche ¡y volvía a llevarlos al día siguiente como si fuese una entrega nueva! Después, como es lógico, ¡seguían faltando palmeras y Siegel compraba más!).

Por si el precio de los materiales y la jeta de los proveedores constituyesen poco problema, Siegel puso a Virginia Hill como co-directora del proyecto, encargada de la ornamentación y la adquisición de mobiliario y adornos. Ella, por descontado, sintió que el “Flamingo” era su casa de muñecas particular y empezó a encargar materiales y muebles innecesariamente costosos.


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Día tras día, las facturas de la construcción se acumulaban y el presupuesto se empezó a disparar. El millón de dólares inicial se esfumó entre tanto despropósito y de un millón pasó a millón y medio, de ahí a dos millones, tres millones... al final, a poco tiempo de la inauguración prevista para la Navidad de 1946, el “Flamingo” estaba sin terminar del todo y ya había costado ¡seis millones de dólares! Naturalmente, Siegel sabía que su torpeza podía costarle el cuello, así que, aterrorizado, pidió ayuda a su amigo Lansky. Este le dijo que iba a echarle un cable pero que más valía que el casino fuese un éxito. “Bugsy” le garantizó que la inauguración sería espectacular y que el “Flamingo” empezaría a dar dividendos de inmediato. Lansky accedió a defenderle ante los Padrinos.

...lo que Siegel no sabía es que el astuto Lansky, a quien no se le escapaba nunca una, había empezado a sospechar de Virginia Hill al enterarse de que viajaba repetidamente a Europa. Lo hizo investigar y descubrió la cuenta suiza a nombre de Hill, a donde había ido a parar casi un millón de dólares de los que, supuestamente, se habían gastado en la construcción del “Flamingo”. Lansky no podía saber si Hill actuaba por su cuenta o si Siegel era cómplice en el robo, pero el hecho era muy grave y ni él ni Luciano lo podían ocultar.

Días antes de la inauguración del “Flamingo”, Luciano y Lansky habían organizado una gran cumbre mafiosa en La Habana, a la que acudiría la plana mayor de la Cosa Nostra y representantes de la mafia judía. Sólo Siegel no estaba enterado de esa reunión, porque uno de los temas a tratar iba a ser precisamente él. Con tono fúnebre, Meyer Lansky narró a los Padrinos cómo su antiguo amigo de la infancia había perdido el control del presupuesto fijado, y cómo Virginia Hill había robado más de 900.000 dólares. Aquello podía significar la pena de muerte inmediata para Siegel y de hecho el propio Meyer Lansky admitió que era el único castigo posible; pero al mismo tiempo movió inteligentemente los hilos para evitarlo. Todos respetaban a Luciano y Lansky y sabían que Siegel era como un hermano para ellos, así que accedieron a esperar a la inauguración del casino: si funcionaba bien y daba dinero, quizá “Bugsy” tendría oportunidad de devolver lo que había perdido. En todo caso, siempre estarían a tiempo de liquidarle más adelante, y mientras se sintiese respaldado por Luciano era poco probable que intentase huir.

Contra todo pronóstico, el astuto Meyer Lansky
consiguió prorrogar la vida de su amigo.

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De camino al desastre.

La inauguración del “Flamingo” fue un fiasco.

La fiesta organizada por Siegel fue espectacular, pero se juntaron toda clase de circunstancias adversas (algunas de verdadero chiste), la peor de las cuales fue la escasa afluencia de público. Nevada es el territorio más seco de los Estados Unidos, pero aquella noche se desató un diluvio que convirtió el desierto circundante en un inmenso lodazal. Los habitantes de Las Vegas ni se molestaron en salir de casa para acudir al evento; tampoco hubo mucho turista de fuera, debido a las inclemencias del tiempo. Algunas de las estrellas que Siegel había invitado para dar glamour al evento (como por ejemplo el propio George Raft) no acudieron porque el aeropuerto de Los Ángeles estaba cubierto de niebla y los vuelos charter contratados para llevarles no pudieron despegar. Al final, la lujosa y espectacular inauguración quedó en agua de borrajas, un acto desangelado en el que apenas había gente. (Para terminar de redondear la ironía: pese a la lluvia que estaba cayendo y que inundaba los alrededores, las fuentes ornamentales no funcionaban porque ¡no tenían agua!, y el cartel luminoso de la entrada se fundió y no hubo manera de volver a encenderlo durante la noche).

No todo fue mala suerte: el peor error fue el de abrir el casino sin que la parte del hotel estuviese terminada. Al no haber habitaciones disponibles, los pocos visitantes de la inauguración se fueron a pasar la noche a otros hoteles de la población, y al final de la primera semana, en el gran y lujoso “Flamingo” no quedaba ni un cliente. Desesperado, “Bugsy” lo mantuvo abierto durante un desastroso mes de enero intentando que acudiera público, pero sin alojamiento disponible no había nada que hacer. Finalmente, se vio obligado a cerrar para terminar la parte del hotel.

La lujosa entrada del “Flamingo”.
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Una ola de indignación corrió entre los grandes Padrinos de la Cosa Nostra: no sólo se habían dejado una ingente cantidad de dinero en la construcción del casino a manos del inútil de Siegel, no sólo les habían robado un millón de dólares, sino que encima el puñetero casino tenía que ser terminado antes de poder volver a abrir. Probablemente Meyer Lansky hubo de usar toda su astuta diplomacia para evitar que su amigo fuese borrado del mapa en aquel mismo instante. Si fue así, el esfuerzo era pírrico: las horas de Benjamin Siegel estaban contadas y eso era algo que al propio Lansky no se le podía escapar.

En marzo, el “Flamingo” volvió a abrir -ya con el hotel terminado- y, esta vez sí, empezó a remontar. En los meses siguientes dio dinero, lo suficiente como para confiar en un brillante futuro. Los Padrinos se frotaban las manos viendo que por fin iban a explotar las posibilidades de aquel nuevo negocio, y Siegel suspiraba aliviado pensando que lo peor ya había pasado, sin saber que estaba viviendo sus últimos días sobre la tierra. En esos meses, sus apoyos se habían debilitado: Lansky ya no podía conseguir milagros, y Luciano, exiliado, estaba perdiendo influencia rápidamente. Hasta que en junio alguno de sus socios mafiosos extendió un “contrato” y un francotirador anónimo asesinó a “Bugsy” con el célebre disparo en el ojo. No se supo de quién había partido la orden y nadie en la Mafia se molestó en hacer preguntas. Siegel no era un miembro de su sociedad secreta, y por tanto ningún Padrino tenía que pedir permiso para matarle. Meyer Lansky había recomendado esperar a que el “Flamingo” diese dinero y habían esperado, porque los consejos del judío eran siempre buenos. Y ya no necesitaban esperar más.

La gestión del casino fue puesta en manos de varios hombres de confianza de Meyer Lansky, que le habían ayudado a dirigir casinos en La Habana y conocían de primera mano el negocio. Tal y como “Bugsy” había previsto, el “Flamingo” se convirtió en un gran éxito.

Siegel en el sofá.
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Epílogo I: A la caza de Virginia Hill.

La novia de Siegel se enteró del asesinato estando en Europa, y justo en ese instante supo que la siguiente iba a ser ella. Y emprendió la huida... pero una huída muy sui generis, que dio lugar a una estrambótica persecución.

Lo primero que tenía que hacer era esconderse si no quería que los esbirros de la Cosa Nostra le diesen caza. Pero claro, para Virginia Hill la idea de “esconderse” no era la misma que para el resto de la humanidad. No se le ocurrió nada mejor que registrarse con nombre falso ¡en un hotel de lujo de París! Tremendo: si los mafiosos iban a buscar a alguien como ella, ¡ese sería el primer lugar donde mirarían!

Meyer Lansky se encargó de organizar la caza y captura de Hill: envió a Europa a uno de los soldados más destacados, el futuro Padrino Vincent Gigante, y este no tuvo dificultades en localizar a la amiguita del difunto Siegel. Ella se paseaba tranquilamente por los barrios elegantes de la ciudad del Sena, vestida como un pincel, creyendo que así estaba “escondida” de la poderosa Mafia y porque no le daba la gana buscar refugio en algún rincón cochambroso del planeta y porque tampoco le daba la gana renunciar a su vida de lujos y comodidades. Naturalmente, todo aquello debió parecerle una estupidez cuando de repente alguien la sujetó de un brazo en plena calle y supo que la garra de la Cosa Nostra le había dado caza. Un amenazante Vincent Gigante le sugirió silenciosamente que no montase numeritos y la llevó al interior de un café. Allí, entre la clientela, estaba su antiguo novio Joe Epstein con el teléfono del local en la mano. Ella se alegró pensando que Epstein estaba allí para prestarle ayuda, pero el corredor de apuestas sabía bien para quién trabajaba y se limitó a pasarle el teléfono. Al otro lado de la línea, en conferencia transatlántica, estaba Meyer Lansky. Le dijo que conocía todo el asunto del robo del dinero y le dio instrucciones precisas: le daba unas horas para hacer las maletas y ser “acompañada” por Gigante a Suiza, donde sacaría del banco lo robado y lo devolvería de inmediato. Ella, aterrorizada, aceptó: no podía hacer otra cosa.

Vincent Gigante
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Pero el miedo de Virginia Hill solía durar poco. Hizo las maletas pero sólo para volver a huir en un descuido de sus perseguidores. Y, de nuevo, su concepto de “esconderse” rayaba en el chiste: se marchó ¡a una lujosa casa de la Riviera francesa! La había comprado en secreto y pensaba que la Mafia no conocía. Por supuesto, Meyer Lansky estaba perfectamente enterado de la existencia de la casa y una desprevenida Hill recibió allí mismo una nueva llamada del gangster hebreo, quien le dijo que se asomase por la ventana: allí vio a Vincent Gigante en un automóvil aparcado frente a ella. Le dijo que esta vez, sin trucos, ya sólo tenía dos opciones: o llevar a Gigante al banco suizo y darle el dinero, o Gigante entraría y haría con ella lo que él quisiera.

Hill devolvió el dinero que había robado a la Mafia, menos 90.000 dólares que ya había gastado. Lansky le dijo que tendría que devolver también esa cantidad sacándola de donde fuese (“aunque tengas que hacer de puta”) y le prohibió volver a los USA, advirtiéndola de que si pisaba el país la matarían.

Virginia Hill pasó los siguientes años buscándose amiguitos adinerados que le ayudasen a saldar sus deudas con la Cosa Nostra. Volvió temporalmente a EEUU por un motivo que ni la propia Mafia podía evitar: la llamaron para testificar ante una comisión del congreso que investigaba el crimen organizado, donde hizo una espectacular y delirante aparición muy propia de una película de gangsters. Hill se presentó vestida como una aristócrata, derrochando arrogancia por todos los poros y dejando varias perlas ante los atónitos congresistas, como cuando les dijo “ojalá os caiga una bomba atómica” o “sí, soy puta, pero soy la mejor puta del mundo”.

Virginia Hill pasó sus últimos años en París, en una situación económica difícil, y se suicidó por una sobredosis de pastillas en 1966. Se rumoreó que podía haber sido asesinada, pero lo cierto es que la Mafia ya no tenía demasiados motivos para preocuparse por ella a aquellas alturas.

Virginia Hill durante su estrambótica declaración
ante los congresistas.

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Epílogo II: El sueño de “Bugsy” se hace realidad.

Como Siegel había vaticinado, Las Vegas se convirtió en la “Montecarlo americana”. El éxito del “Flamingo” tras su muerte atrajo a diversos promotores inmobiliarios dispuestos a construir nuevos casinos de lujo a imagen y semejanza del casino de “Bugsy”. El polvoriento entorno del “Flamingo” se convirtió en Las Vegas Boulevard y durante años los promotores tenían que hacer tratos con los gangsters para poder edificar allí. La ciudad, que cuando “Bugsy” se fijó en ella no tenía más de 8000 habitantes y era absolutamente desconocida, se transformó en una atracción turística universalmente famosa. Juego, espectáculos, prostitución y drogas, la “experiencia total” de Siegel, determinaron la explosión milagrosa del lugar. A mediados de los 40 no vivían allí más de 8000 personas; hoy en día su área metropolitana supera de largo el millón y medio, en lo que es una de las zonas más áridas del país.

Con el tiempo la influencia de los mafiosos fue diluyéndose. Durante los años 70, los gangsters empezaron a perder peso en la ciudad y empezaron a hacer acto de presencia las grandes corporaciones. El “Flamingo” fue comprado por la cadena hotelera Hilton, que hizo varias reformas, entre ellas cambiar la clásica fachada.

Ficha de casino con el rostro de “Bugsy”.
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En 1996 se celebró con grandes fastos el 50ºaniversario de la apertura del “Flamingo”, aunque, curiosamente, no se hizo mención alguna de su fundador en los discursos y recordatorios. Algunos sorprendidos periodistas inquirieron a los directivos del casino sobre el “olvido”, y la gente de Hilton respondió que no querían ver asociada la imagen del casino a un tipo que había sido un notorio asesino, violador, chantajista y mafioso. Aunque la postura tenía cierta lógica empresarial, resultaba históricamente ridícula: Ben Siegel no sólo había fundado el casino sino que había propiciado el fenómeno Las Vegas. El único homenaje que recibió en el aniversario fue la edición limitada de una serie de fichas de juego con su rostro impreso. Eso fue todo. De haber vivido para contemplar cómo se le ninguneaba de ese modo, “Bugsy”, sin lugar a dudas, se hubiese liado a tiros con más de un directivo de Hilton.


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The End.
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The bigger the headache, the bigger the pill. Call me the big pill.

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