2666, de Roberto Bolaño.

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ENNAS
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2666, de Roberto Bolaño.

Mensaje por ENNAS » 12 Ene 2014 17:47

¿Es "2666" metaliteratura? ¿Fue Roberto Bolaño un Quentin Tarantino libresco?

Por adelantado os digo que el libro me ha gustado mucho y os lo recomiendo. Pero como soy persona de demasiados criterios inconsistentes, permitid que señale una serie de fallas (en mi opinión) el objeto de que tengáis la mayor información posible para juzgar por vosotros mismos si os conviene su adquisición y lectura.

2666 es algo más que un libro que habla de otras bibliotecas, va más allá y reproduce éxitos literarios vigentes como si fuera un estudiante de dibujo imitando cuadros famosos. Hay un espíritu burlón en todos estos ejercicios de estilo; así, "La parte de los críticos" sería una historia a la española, "La parte de Amalfitani" correspondería al realismo mágico sudamericano, "La parte de Fate" imita la literatura estadounidense, "La parte de los crímenes" sería un tratado de betsellerismo aplicado y "La parte de Archimboldi" muestra por contra las claves de lo que hoy se considera una novela seria.

La parte de los críticos como buena españolada empieza como un chiste: "Van un español, un francés, un italiano y un inglés y..."

Todos los protagonistas son cultos, viajados, progres, con una sólida posición laboral que les permite vivir desahogados económicamente y cuyas únicas cuitas son las sentimentales. El vergazo que Bolaño les mete mostrando como tratan al cerril y fanático taxista musulmán. Mucho más sutil y disolvente es su solipsismo compartido, se encastran en su burbuja cultural ajenos a la sociedad en la que viven y a la que desprecian. Es ese clasismo de la izquierda bien posicionada que, fingiendo ignorar el concepto marxista de la lucha de clases, se asombra de que la clase trabajadora en su eterna oposición a la burguesía se decante por votar a partidos de derechas.

Hay quién agradecerá que no pontifiquen sobre el calentamiento global, los saharauis u otros detalles accesorios. A mí me produce más alivio que el autor evite los soliloquios propios de los autores españoles que tratan de encajarles a sus personajes tanto elucubraciones contrahechas sobre la vida como fantasías carentes de imaginación y que en ambos casos tienden a ser ridículos y soporíferos.

La parte de Amalfitani o de como el realismo mágico se encontró con su reverso tenebroso.

Acá la locura de los personajes también les lleva a vivir experiencias únicas, y éstas son retratadas de modo inequívoco como desagradables, mezquinas, deprimentes, enajenantes... en fin, que la vida libre no es maravillosa. Que el "sé tú mismo" y "haz lo que te dicte el corazón" no conduce al éxito social, pero tampoco al fracaso heroico, todo lo más se llega una existencia anodina y vacía. Cosa comprensible, si se ignora a los demás en pro de uno mismo, no se espere ese uno mismo que los demás le presten mucha atención a sus "mágicas" vivencias.

Agradeciendo que me permitiera conocer al ensayista francés Jean-Marie Guyau (adjunto dos enlaces) no puedo por menos que señalar que poner nombres al azar con una breve explicación satisface el ego enciclopedista del lector más que demostrar la erudición del autor.

http://autogestionacrata.blogspot.com.e ... guyau.html
http://filosofiadecornelio.blogspot.com ... guyau.html

La parte de Fate es la que me ha llevado a asociar a Bolaño y Tarantino.

Parece que el chileno quisiera hacer guasa de la blaxplotation, es decir de como los blanquitos vemos a los negros como unos seres propensos a la violencia siquiera sea verbal. La burla estriba en que se trata de un reportero social al que por falta de personal se manda a cubrir una crónica deportiva. "Mueve tu negro culo a México." "No me jodas, negro, o me pagas las (negras) dietas y el (negro) plus de actividad o me negro (sic, ji, ji) en redondo a ir a México."

Pero he de reconocer que la cosa va más allá. Todas estas novelas del género negro (ha, ha, ha), tan previsibles, que siempre transcurren en una pequeña comunidad cerrada y opresiva, con personajes cada vez más rocambolescos a fuer de tirar de manuales de psicología (que si cajeras de supermercado lesbianas asesinas, que si conductores de taxi psicópatas homicidas, que si empleadas del hogar ninfómanas pederastas, que si ferrallas de la construcción gays sado-maso descuartizadores, que si estudiantes de universidad con síndrome de Asperger caníbales), toda esta bazofia marketinera de los Ellroy, Palahniuk, McCarthy, David Foster Wallace y sus epígonos, queda retratada aquí.

O mejor dicho quedan retratados los lectores que reciben a estos libracos recién salidos de la churrería, grasientos e indigestos, al grito de ¡novelón! ¡novelón! ¡novelón! y por extensión el estado catatónico de la literatura contemporánea.

La parte de los crímenes está hecha del material del que se escriben los best-sellers.

Trama de resolución de un misterio. Personajes amortizables a los que se presenta al público para acto seguido matarlos. Protagonistas planos aunque siempre actúan por motivos emotivos y no suelen ser racionales. Conspiranoia. Persecuciones a raudales sin ton ni son. "No pienses, actúa".

En un gesto que le honra, Bolaño no concluye el corre-que-te-pillo con la victoria de los buenos (eso le ha impedido ser un superventas, je) antes bien le pega un aldabonazo a los éxitos conspiranoicos haciendo ver que muchos crímenes no guardan más relación que el género de las víctimas.

La parte de Archimboldi es la quintaesencia de todo lo antedicho como le corresponde por su posición de colofón siendo como es la quinta parte.

Puede que sea la parte más linda, la tratada con más mimo y cariño. Pero Bolaño ya dió bastantes referencias como para que el lector pueda juzgar por sí mismo. Un libro que habla de otros libros. Viajes y cultura (en esa guerra de juguete sin víctimas que en opinión de Bolaño parece ser que fue la Operación Barbarroja nos encontramos manuscritos perdidos de desconocidos autores rusos). Buenrrollismo contra la barbarie burocrática nazi adobado con una justicia poética que resulta ser lo más espeluznante: el ex-soldadito del Reich dice que la única persona a la que ha matado es precisamente al alcalde alemán en Polonia. ¿Desprecio por los infrahumanos soviéticos?

Es lo que más me ha gustado de 2666, pero no puedo por menos que maliciarme de que esa era la intención del autor, alabar al lector, mejorar su autoestima con un ejercicio de colegueo en plan "tú y yo sí que sabe sabemos y estamos en la onda, somos mejores que los demás".

Ese aventurero individualista que viaja por varios países y tiene distintos empleos aclimatándose a la perfección como buen ciudadano del mundo (lástima de esa guerra naïf). Ese niño solitario e incomprendido que no obstante está bien relacionado con la jerarquía y tiene tórridas aventuras sexuales. Ese escritor alejado de las pompas, los fastos y la mediocridad del éxito al que sólo unos pocos entendidos valoran en su justa medida como un genio postergado por las masas aborregadas... Tú eres la estrella, aunque el resto del mundo se empeñe en no reconocerlo. Qué sabrá naide lo que yo he sufri'o.

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